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¿Por qué está fracasando la ley que regula el empleo doméstico?

El Gobierno estudia modificar la Ley de Regularización del Servicio Doméstico. El Secretario de Estado de la Seguridad Social, Tomás Burgos, admite que la nueva ley no consigue hacer aflorar el trabajo sumergido. Los casos de 5 asistentas (Izabel, Margarita, Maite, Marga y Tere) explican las lagunas de la normativa que entró en vigor el 1 de enero.

Maite, Izabel y Margarita trabajan limpiando casas ajenas sin cotizar a la Seguridad Social. Las tres forman parte de esa gran bolsa de economía sumergida que sufre el sector y que la nueva Ley de Regularización del Servicio Doméstico en vigor desde el 1 de enero no consigue hacer desaparecer.

Las cifras hablan solas: En España hay unas 700.000 asistentas principalmente mujeres, según cálculos sindicales. En el régimen anterior, a finales de 2011 había inscritas 294.916 empleadas de hogar. A 1 de octubre, el nuevo régimen suma 384.877 afiliadas. Son casi 90.000 altas (un 28% más). Aún queda casi un 50% del sector trabajando “en negro”.

El avance de las altas en la Seguridad Social queda además ensombrecido por la caída de la recaudación de un 4%, explicado por un descenso en el número de horas de los contratos de los asistentes domésticos, algo que redunda en los derechos de los empleados a la hora de su jubilación. La caída de la recaudación supone este año una pérdida de 5,22 millones de euros mensuales que, proyectados durante todo un año, elevan las pérdidas para la Seguridad Social a 63 millones de euros. Asimismo, Empleo ha descubierto que 70.000 empleadas de hogar dadas de alta en el régimen anterior no han hecho el tránsito al nuevo.

¿Qué está pasando? ¿Por qué no funciona la nueva ley del servicio doméstico? La reticencia de los empleadores a formalizar contratos por su alto coste y la complejidad del procedimiento, o la presión a las empleadas para que el coste de su alta repercuta en su sueldo son algunas de las razones que explican un fracaso que admite hasta el secretario de Estado de Seguridad Social, Tomás Burgos.

“Queda mucho por recorrer en el ámbito de la integración de las empleadas del hogar a todos los efectos.” – ha dicho Burgos- “Hay que hacer un análisis más de calidad. No nos interesa tanto el número como la calidad de esa afiliación y cómo el nuevo sistema mejora la situación precedente. Y hay datos de la realidad del ciudadano en este régimen que demuestran que su situación no ha mejorado”, ha zanjado. El Gobierno estudia cómo cambiar la normativa para lograr sendos objetivos:  mayor seguridad a los empleados de hogar y hacer aflorar la economía sumergida.

Los casos reales de cinco asistentas, Izabel, Maite, Margarita, Tere y Marga, le darán unas pistas sobre los principales fallos de la ley.

Izabel, expulsada del sistema: Tiene 40 años y se acaba de quedar sin trabajo. “Mis jefes no me querían hacer un contrato. Ellos dicen que no les da la gana, que toda la vida tuvieron así a sus empleadas. Nosotras trabajamos sobre todo para gente mayor, si se deciden a contratar prefieren hacerlo a través de Empresas de Trabajo Temporal (ETT), para que les hagan toda la burocracia. No entienden que de los 18 euros que ellos pagan a la hora a la ETT a nosotras nos llegan 5″. Izabel, que vino de Paraguay hace ocho años y siempre se ha dedicado a la limpieza por horas, cree que las ETT son las únicas beneficiadas de la nueva ley y que las trabajadoras son las más perjudicadas. “Yo misma llevaba cinco años pagándome la Seguridad Social, pero desde abril no me dejan. Hay muchas como yo, que se han visto expulsadas del sistema. Es más, algunas al estar sin contrato pueden perder la tarjeta de residente y volver a estar como al principio, ‘sin papeles’. En su caso, además de perder la atención médica, se salen del mercado de trabajo, pues ni las empresas temporales ni las iglesias apuntan a las que no tiene papeles”.

Maite prefiere cobrar en negro: Maite es española, está casada y tiene dos hijos. Trabaja en varias casas de Madrid limpiando. Cuando a primeros de año unos de sus empleadores le propusieron darla de alta en la Seguridad Social ella les pidió que por favor no lo hicieran. “Yo no trabajo muchas horas, hay meses que los jefes se van fuera. Además, cotiza mi marido“, explica. Aunque no era su caso, Maite sí sabe de varias conocidas que tampoco están dadas de alta porque sus jefes les piden que sean ellas las que corran con los gastos de la cotización. “Muchas prefieren cobrar 12 euros la hora y no estar dadas de alta”. 

Margarita está sin trabajo por denunciar: Margarita es la vicepresidenta de Sindihogar, el único sindicato de empleadas del hogar, con el ámbito de Cataluña. En su último empleo llevaba dos meses trabajando cuando le pidió a la señora de la casa que la diera de alta en el nuevo régimen de la Seguridad Social. La empleadora se negó y fue a denunciarlo a la Seguridad Social. Le prometieron que enviarían a un inspector, pero el despido llegó antes. A Margarita lo que le preocupa es que se están aprovechando de muchas mujeres que, tal y como está la economía, “no quieren perder lo poquito que tienen” y no se atreven a exigir que se cumpla la ley. Además, subraya un aspecto de la ley que los empleadores sí han acogido como un mantra, y es el salario mínimo de 641 euros. “Ahora todos los contratos de las internas son por 641 euros, sin contar con que son turnos de 24 horas. Y además no pagan ni extras, ni festivos”. Según Margarita con esta ley las trabajadoras “están peor que hace 25 años”.

Marga cotiza pero menos horas de las reales. Cristina es la empleadora de Marga, su “asistenta de toda la vida”. Fue Marga quién le pidió que la diera de alta en el nuevo régimen de la Seguridad Social el Servicio Doméstico. “Fue muy fácil” -cuenta Cristina- “me tocó un empleado de la Seguridad Social muy diligente que me explicó todo muy bien. Hay que ponerse de cabeza de familia, para ser la empresaria y poder hacer el contrato, luego domiciliar el pago de la nómina y dar tus datos bancarios y los de ella”. Cristina no cree que los trámites revistan excesiva complejidad. Eso sí, ella pactó con Marga que cotizaría por menos horas de las que de verdad echa en la casa. “Le dije que esto a mi me costaba más dinero y que, o poníamos el dinero a medias o bajábamos el precio de la hora. Ella prefirió cotizar menos horas, pero al menos así está cubierta con un seguro”.

Tere se ha cambiado al nuevo régimen: Pilar decidió a primeros de año que iba a cambiar a Tere al nuevo régimen de la Seguridad Social. Ya la tenía dada de alta desde hace 10 años, con sus catorce pagas. El trámite no fue difícil, cuenta, pero se le quedó “cara de tonta” cuando se enteró de que ella, por cambiar a Tere de un registro a otro se quedaba sin la bonificación del 20% de la cuota de la Seguridad Social que sí tienen las que contratan empleadas discontinuas o dan de alta a fijas por primera vez.


Publicado el Miercoles, 03 de Octubre de 2012.

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